Si aprecias de verdad la artesanía mexicana, ya lo habrás notado: algo se ha ido perdiendo. Las piezas son bellas, pero se sienten vacías, hechas para cualquiera. Tú buscas algo con historia, con memoria, con el gesto de unas manos de verdad.
Y sin embargo, vuelves a casa con algo que no era lo que imaginabas. Lo colocas, lo miras unos días... y desaparece. Guardado. Olvidado. En el fondo sientes que fallaste tú, cuando en realidad falló la pieza. Eso tiene nombre: artesanía que no sabe hablarle a quien la ama.
Aquí es donde mi historia se cruza con la tuya. Soy Rosario Cardona, y crecí en Tlaquepaque entre el barro, la cocina de mi abuela y los bocetos de herrería de mi abuelo. Aprendí que crear es transformar la materia en emoción.
Por eso cada pieza que hago —Nahuales, Tukákames, figuras de la mitología wixárika— nace totalmente a mano, sin moldes, con técnicas ancestrales vivas. No estás comprando una artesanía; estás llevando a tu hogar algo irrepetible, hecho para ti.